
Cuando te observo, mi brújula se vuelve loca. Comienza a revolverse, la aguja gira en torno a sí misma y finalmente consigue un objetivo inevitable; totalmente firme y dispuesta: te señala. Me marca el camino hacia un incierto destino que me hará descubrir tu dermis, tus poros, las hendiduras en tu piel, tus lunares. Maldita sea, es tan suave, tan perfecta que mis dedos se ven obligados a deslizarse por ella. Me veo obligado a aprenderme cada lunar en tu espalda para no perderme en el camino que ansío seguir.
Mi boca te despoja de toda ética social y moral. Eres tú, en esencia, en tu forma más primaria y, sobre todo, definitiva. Nos rodeamos, nos derretimos en un único ente y me muerdes, y te muerdo y me vuelves a morder. No eres insípida. No eres inodora. No eres incolora. Eres de un color rojizo que me provoca, que me hace reventar para hacerme desaparecer destino a todas partes.
Al norte de ti, mi mano encaja perfectamente con tu cuello y es entonces cuando gimes, pero no tienes voz y consigues que el aire se cargue de una esencia incontrolable: de un monóxido de perversión. Me arañas, como buena leona, pero olvidas que soy tu león.
En el sur, se escucha la tormenta al chocar nuestra intimidad y desintegrarse durante minutos que parecen instantes de un tiempo perdido. Te empeñas en en cargar contra mi espalda, que empieza a desgarrarse. Tus gritos ya se pueden oír, mis manos cambiaron de rumbo hace ya tiempo para adentrarse en el perfecto océano del que estás formada.
Sigo cruzando tu piel, navegando por un paisaje sin fin, deseando poder saciarme algún día, deseando poder olvidar el golpear de nuestras caderas o el temblar de tus increíbles piernas. La brújula se va a romper. Mi mente desconecta. Ya no hay rumbo, solo tempestad. Solo caos. Solo fragancia oscura. No hay palabras, ni señales. León y leona encarnando una batalla, la cual saben que ambos perderán.
Vaya si perdemos. Sensaciones invisibles y de éxtasis inapagable, de máximas expectativas superadas y de límites redescubiertos. Nosotros acabamos extasiados y mi brújula, completamente destrozada.
Adry TF
Adry TF